Reconozco
mi culpa, reconozco mi egoísmo, reconozco que durante muchos años de mi vida he
entendido el mundo de una manera poco Zen, no he tenido en cuenta al YO
universal. Siempre había creído que el Yo era ese tipo que ya tiene una cana en
la barba y que de vez en cuando me asusta en los espejos de mi casa. Estaba muy
equivocado.
Debía
correr el año 1995, yo cursaba segundo de BUP, tocaba estudiar Geografía e
Historia, nuestro profesor en el IES Pere Ibarra, apodado "el amo del
calabozo", Juan Fernández, decidió, por suerte, saltarse completamente el
programa de aquel curso y prácticamente dedicar todos los esfuerzos de su clase
a hacer madurar a aquellos adolescentes puñeteros.
Nos
pusimos a trabajar en una campaña denominada “100 = 100.000”, un Instituto con
1.000 alumnos que se marcaba el objetivo de recaudar 100.000 pesetas. Había que
comprar un ciclomotor para ayudar a un campesino en el Chad a través de una ONG,
o algo así, que ahora no recuerdo. Recaudamos un millón de pesetas, la campaña
fue un éxito, todos los que participamos en aquello nos sentíamos realmente
orgullosos.
Fue un
hecho aislado, sin mayor trascendencia en mi vida, no cambió mi forma de ver el
mundo desde el YO individual.
Muchos
años después, una noche en Flaherty's, David me dijo: "el año que viene
nos vamos a Mongolia". El objetivo transportar una ambulancia para donarla
y recaudar fondos para Christina Noble Children's Foundation (CNCF en adelante)
parecía ser, en aquel momento entre cervezas, que esta fundación hacía algo con
niños, sinceramente, en aquél momento me importaba la aventura de ir con un
vehículo hasta Mongolia atravesando países raros.
Una vez
llegamos a Ulán Bator tuvimos la fortuna de visitar el campamento de la CNFC. La
encargada, cuyo nombre no recuerdo, quizás David ponga algún comentario al
texto cuando lo lea, tiene más memoria que yo, nos comentó que durante una
noche Christina Noble soñó que unos niños se incendiaban en Vietnam, al día
siguiente buscó un vuelo y allá que se fue a ver qué ocurría, comenzaron así
los campamentos de la fundación, esta mujer increíble se dedica a rescatar
niños de la calle para darles una educación y alguna oportunidad en la vida,
gente buena, sin más, como todos, que comenzó una tarea maravillosa por un
simple sueño.
Es
probable que a pequeña escala, ese fuese un momento de inflexión en mi vida,
una pequeña epifanía, en aquél momento todo el trabajo de más de un año
preparando aquél viaje cobraba una relevancia especial que quizás, reconozco, no
había tenido durante mucho tiempo. Tras, descargar un montón de juguetes,
hablar con la gente que gestionaba el campamento, conocer las historias de los
niños que habitaban allí y que venían de las alcantarillas, junto al relato de
la historia de Christina Noble, algo prendió en mí, una chispa en mi
corazón quizás.
Tal vez,
fuese solamente el conocido efecto Schindler, si me permitís la exageración o
yo qué sé.
De esta
guisa llegué hasta Aventureros Solidarios, un grupo de tarados maravillosos que
pretendemos pasarlo bien y montar ruido alrededor de alguna causa que valga la
pena. El año pasado en la primera edición de esa aventura divertida que
organizamos "La Ruta de los Cabos" además de pasarlo muy bien y de
visitar a Papa Noel, también nos permitimos el lujo de recaudar algo de dinero
para las chicas de Granito de Arena, que han podido desarrollar algunos
pequeños proyectos gracias a esa financiación.
Sin
mayor ánimo que el informativo enlazo algunas fotos de los proyectos que se han
llevado a cabo, quizás os parezca poca cosa, pero los sueños siempre empiezan
con pequeños hitos. ¿Te animas a perseguir el sueño del YO universal?
P.D: Más información sobre los proyectos de Granito de Arena realizados gracias a Aventureros Solidarios:
Familia de MALANI Familia KARUNASENA Familia de JAYASEKARA Familia SAMPATH
P.D: Perdonad el rollo este del YO universal, no me quedé bien desde que leí “el Budismo no es lo que crees”.
Familia de MALANI Familia KARUNASENA Familia de JAYASEKARA Familia SAMPATH
P.D: Perdonad el rollo este del YO universal, no me quedé bien desde que leí “el Budismo no es lo que crees”.
Eres un maquina Pau!
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